El suizo, que jugará un partido de exhibición con el alemán Alexander Zverev, dijo que esperaba jugar hasta los 35 o 36, pero que ahora no ve «razón para parar».

El tenista suizo Roger Federer, que este miércoles jugará un partido exhibición en Buenos Aires ante el alemán Alexander Zverev, dijo este lunes que siempre busca «mejorar» y consideró que «todavía no es tarde» para aprender cosas nuevas, a pesar de que tiene 38 años.

«Esperaba jugar un largo tiempo, pero en 2004 esperaba jugar hasta los 35 o 36 años, pero ahora estoy en otra dimensión. No creía que iba a estar jugando a los 38 o 39 y acá estoy. Además estoy feliz, sin lesiones», dijo Federer en una rueda de prensa que dio en Buenos Aires junto a Zverev.

«Cada generación trae algo nuevo y todavía creo que puedo aprender, mejorar, eso es lo que hago. En este partido voy a aprender algo, lo sé. Jugaré, disfrutaré y seguramente intentaré cosas nuevas. Siempre busco mejorar y a los 38 años todavía no es tarde«, añadió.

El suizo reconoció que todavía no tiene claro si su retiró será sorpresivo o si será algo que notificará con varios meses de antelación.

«No hay reglas, uno lo siente. Dependerá de mi salud, mi familia y mis resultados. Por ahora me siento bien y disfruto del camino. No veo razón para parar«, explicó.

Federer dijo que le «sorprende» que todavía pueda «competir y ganar torneos» y se mostró orgulloso de que logró «manejar» su vida profesional y personal en simultáneo sin complicaciones.

«Estamos en una época interesante, los jóvenes presionan. Será cada vez más difícil ganar, no me sorprendería ver nuevos campeones, pero espero seguir ahí», señaló

Federer, considerado el mejor tenista de la historia y actual número 3 del mundo, se enfrentará este miércoles en Buenos Aires en un partido exhibición a Zverev, número 7 de la clasificación.

El rival de Federer iba a ser Juan Martín del Potro, pero el argentino tuvo que darse de baja este viernes porqué no está en óptimas condiciones físicas.

La rueda de prensa de Federer y Zverev se realizó en un hotel de Puerto Madero. Antes del comienzo, Federer salió a la puerta para saludar al casi centenar de fanáticos que se acercó al hotel con la ilusión de ver a su ídolo.
Distendido y sonriente, el suizo de 38 años se sacó fotografías con sus admiradores y les firmó camisetas, pelotas, libros y ropa. 

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