Los tantos de Escalante, Sergi Enrich y Kike García componen la goleada del Eibar, que le dio un paseo al equipo blanco.

El Real Madrid cayó de forma estrepitosa ante un magnífico Eibar que dominó el partido desde el minuto uno. Pobre imagen del equipo de Solari que cayó por 3-0 en Ipurua y rompe así la buena racha de la que habán gozado los blancos desde la llegada del argentino al banquillo.

Los goles de Escalante, Sergi Enrich y Kike García loa que le pintan la cara de un Real Madrid que estuvo carente de ideas durante todo el encuentro.

Un Kroos desaparecido, un Ceballos mal y un Modric poco acertado, situaciines que marcaron el juego, o no juego, de un Madrid muy deprimido y sin actitud. Asensio, suspenso, y Bale, lejos del aprobado, dejaron el peso del ataque a un Benzema que fue el único que propuso en el área, aunque sin suerte, pese a que por momentos parecía vivir eternamente en el fuera de juego.

Por parte del Eibar, un magistral Cucurella lideró el baño  a un Real Madrid que esta temporada resulta una sombra de lo que fue.

Desde el inicio, el equipo de Mendilibar ejerció una presión alta que los madridistas no supieron superar y perdieron los duelos en todas líneas, dejando el dominio completo al conjunto armero, que se encontró a gusto en todo momento.

Desaparecidos Varane y Ramos, los locales encontraban demasiadas facilidades para acceder al área rival que, de no ser por Courtois, habría sido conquistada más de tres veces.

Un partido para olvidar de todo el plantel blanco, con un desafortunado Odriozola que, tras errar en el primer tanto, se marchó lesionado. Sólo la entrada de Carvajal en sustitución del joven lateral le dio algo de aire a las bandas madridistas, aunque el efecto de la novedad duró apenas unos compases.

Los de Mendilibar firmaron un partido total en todas las líneas y en todo momento dio la sensación de que estaba más cerca un gol local que una mínima opción de despertar madridista.

Se acabó el efecto Solari. Hacen falta nuevas soluciones que, mirando al banquillo, no parecen esperanzadoras. El joven Vinicius volvió a demostrar valentía sin fortuna y las lágrimas vuelan en dirección a Turín, donde vive ahora quien solía desatascar este tipo de partidos, fabricando goles hasta en los peores días.

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