En 1950, Charles Douglass, veterano de la Segunda Guerra Mundial, trabajaba como ingeniero de sonido en la cadena de televisión estadounidense CBS, donde sufría porque la gente se reía mal. “Antes de emitirse, las series necesitaban de manera habitual correcciones de sonido. Algunas veces un chiste no conseguía suficientes risas o, como en el caso de un famoso episodio de I Love Lucy, las risas eran demasiado largas y había que cortarlas”, explica el historiador de la televisión Ben Glenn II en el libro And Here’s the Kicker [Y aquí está el golpe]. Otras veces, en el carrusel de repeticiones de escenas por los tropezones de los actores, el chiste dejaba de tener gracia y ya no se reía nadie.

Harto de perder tiempo, Douglass empezó a llevarse a casa grabaciones de las que, durante horas de trabajo en su salón, extraía las reacciones del público que buscaba. Con ese material construyó la caja de la risa (Laff Box), que surtió de carcajadas y otros sonidos humanos a sitcoms de todas las cadenas durante décadas. En Cheers, grabada en los ochenta, se oye público que se está riendo en los años cincuenta.

En la vuelta del fútbol en estadios desiertos también inquieta ese nuevo paisaje sonoro, el eco como de piscina que acompaña los partidos de la Bundesliga, los gritos desperdigados. “Me ha sorprendido que no haya un poco más de esfuerzo”, lamentó el lunes por la noche en RNE Jaume Roures, socio gestor de Mediapro, empresa responsable de la realización de los partidos de LaLiga. Él tiene otro plan: “Intentaremos colmar un vacío, que es el papel fundamental que juega la gente, el aficionado en el campo. Recuperaremos ese sonido ambiente que se generaba en cada uno de los terrenos de juego y que hemos ido grabando todos estos años, y lo reproduciremos, porque nos parece que este ambiente ayuda a tener una percepción más cercana de lo que hemos vivido todo este tiempo. Creemos que esto ayudará a tener una interacción más emocional con los partidos”. En cada campo sonaría su propio archivo, con la extrañeza de que, según el plan actual, los 80.000 espectadores del Bernabéu se oirían en los partidos del Alfredo di Stéfano, de 6.000 localidades, donde el Real Madrid jugará los encuentros que le restan de LaLiga.

En las últimas semanas se han realizado pruebas con estos materiales, según confirman diversas fuentes conocedoras del proyecto, que también cuentan que se mantienen serias discrepancias sobre la conveniencia de utilizar sonido ambiente enlatado para aderezar las retransmisiones televisivas. LaLiga y Movistar, que emite los encuentros en España, aún no dan por aprobados los planes de Roures. Pero también existen divergencias más abajo.

Hay clubes que se resisten a que sus aficionados sean suplantados por grabaciones y no quieren que se falsee lo que sucede en su estadio. 

El fin de semana pasado la Bundesliga probó el ambiente enlatado en el Mainz-Leipzig, un experimento que pudo verse en EE UU, donde cosechó buenas críticas en los periódicos y también entre gente del fútbol como el exjugador Alexi Lalas: “Me encanta. Esta producción de la Bundesliga, aunque imperfecta, al menos se aproxima a sonar como un partido normal”, escribió en Twitter. La señal con el audio enlatado no se ofreció a los operadores de países con mayor tradición futbolera como España, Italia, Inglaterra y Francia.

Tampoco en Alemania, donde, sin embargo, Leopold Hoesch, director de documentales sobre figuras deportivas como Kroos y Nowitzki, no se opondría: “Cuando vi los partidos el primer fin de semana, pensé que faltaba algo. El sonido era como de un partido fantasma. La sensación era tan negativa que el sonido artificial no me parece una mala idea”.

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