Mientras el mundo del baloncesto sigue mirando hacia el otro lado del charco esperando que deciden desde los despachos de la 5° avenida con respecto a la reanudación de los partidos, Adam Silver sigue haciendo cambios y pensando en el presente y futuro de la competición. Un hecho que se demuestra con la fuerza que está teniendo la ruptura de futuras estrellas con la NCAA al aterrizar en la G-League, o cómo están gestionando los contratos y los futuros límites salariales. Y, como se ha anunciado en el día de ayer, con el cambio de marca del balón oficial de la NBA.

Sí. Después de haber servido como marca oficial de la mejor liga del mundo desde 1983, Spalding dejará de fabricar los balones empleados diariamente por miles de personas que siguen de cerca la NBA para dejarle su sitio a Wilson, otro «gigante» del mundo del deporte. Curiosamente, Wilson había estado ya previamente como la «surtidora» de balones oficiales desde 1959 hasta 1983. De esta manera, Wilson da el paso hacia el baloncesto profesional americano al estar ya presente en la NCAA y en muchos High Schools. Como añadido, el cambio llega el año que se cumplen 75 años del nacimiento oficial de la NBA.

Este cambio, anunciado por Chris Haynes a la noche, se une a los diferentes retoques que lleva realizando la liga en los últimos años, otorgando a Under Armour un papel importante en la ropa del Combine, o cambiando su contrato de camisetas con Adidas a Nike. Además de empezar a implementar publicidad en las mismas.

Wilson, por su parte, ya ha filtrado que trabajarán teniendo muy en cuenta los consejos de la NBPA (National Basketball Players Association), para que los jugadores estén contentos con el resultado y evitar inconvenientes. Lo que se dice aprender del pasado mirando al futuro. Y es que en 2006, mientras David Stern trataba de modernizar una competición que corría el peligro de estancarse en el pasado, introdujeron un cambio sutil pero doloroso y definitivo en el balón. Que además no tuvo en cuenta a sus mayores perjudicados.

En el verano de 2006, decidieron cambiar el cuero «de toda la vida» por un balón compuesto por micro-fibras sintéticas. Esto fue, en principio, para revalorizar el juego y provocar que la anotación subiera más y más. Y aunque esto fue una realidad, este canje no dejó de ser una decisión polémica que no tuvo apoyos entre los jugadores.

Steve Nash llegó a aparecer con vendas en las manos en conferencias de prensa pos-partido; Terry, Kidd o Nowitzki se quejaban de cortes en sus dedos; y otros jugadores como Ray Allen o Shaquille O’Neal no estaban tampoco conformes con ella. Poco a poco, las estrellas de la liga empezaron a quejarse, admitiendo públicamente que no habían sido consultados sobre este cambio. Al parecer, según un informe del NY Times en diciembre de ese mismo año, sólo 3 jugadores que estaban ya retirados habían sido consultados sobre el cambio, y habían probado el nuevo balón: Mark Jackson, Reggie Miller y Steve Kerr. Esta prueba, según Jackson, fue una hora de tiro, pase y bote en el Madison Square Garden. Y nada más.

Finalmente, la NBA acabó re-pensándose su apuesta por el nuevo material de la pelota, y retrocedió a volver a utilizar el balón que llevaban empleando décadas, dejando así de lado su corto experimento tras sólo 3 meses de funcionamiento. Esto demostró que en esta nueva NBA, o cuentas con la NBPA, o estás acabado.

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