La prueba en el circuito brasileño mide la capacidad de reacción de Ferrari, ahora que no se juega nada más que el prestigio tras el título de Hamilton.

Con el campeonato y el subcampeonato decididos, Lewis Hamilton, Valtteri Bottas y el resto del equipo Mercedes respiran tranquilos. La temporada 2019 está más que finiquitada y, un año más, se ha tintado de plata. Lo que ocurra en 2020 dependerá en buena medida de la capacidad de reacción de Ferrari, que parecía haber resucitado en el último tercio de la temporada y sobre la que ahora se cierne un nubarrón de sospechas acerca de una posible ilegalidad que explique ese subidón de Charles Leclerc y, en menor medida, de Sebastian Vettel.

Sin embargo, antes de poner el punto final a una campaña mucho más entretenida de lo que los números dicen, quedan dos carreras: el GP de Brasil y el de Abu Dabi. El primero es un imprescindible en el calendario de la Fórmula 1, no sólo porque su circuito, el Autódromo José Carlos Pace de Interlagos, es uno de los más técnicos del calendario, sino también por todo lo que supone pisar este trazado un año más.

Y es que en el ambiente del circuito brasileño hay un nombre encima de la mesa: Ayrton Senna. La figura de ‘Magic’, que fue homenajeada en Sao Paulo días atrás (accidente incluido de un joven piloto de Renault), estará más que presente en las gradas e incluso entre los propios pilotos. El mismo Lewis Hamilton ha creado un casco especial conmemorativo por su recién estrenado sexto título (ya ha sumado el doble que Senna), inspirado en el legendario piloto paulista.

Aunque la lucha por la victoria tenga un valor meramente anecdótico en términos competitivos, no significa ni mucho menos que los corredores vayan a aflojar. Además del propio orgullo de ganar en territorio de leyendas como el citado Senna, Emerson Fittipaldi, Nelson Piquet o los menos exitosos Felipe Massa o Rubens Barrichello, aún quedan muchas peleas atrás por dirimir.

En una de ellas está inmerso Carlos Sainz, que tiene en Brasil la oportunidad de dar un zarpazo serio a las opciones de acabar sexto en el Campeonato del Mundo. Tendrá que batir al recién renovado Alex Albon, que ha pasado de ser descartado por el programa Red Bull a confirmado como piloto del primer equipo junto a Max Verstappen para 2020. Todo en apenas un año y medio, en el que se ha visto envuelto en la vorágine propia de la estructura de las bebidas energéticas. Sainz también tendrá que resistir a Pierre Gasly, que se mantendrá en Toro Rosso (escudería que estrenará nomenclatura, Alpha Tauri) tras ser descendido desde el equipo ‘pata negra’. Entre Albon, sexto, y Gasly, octavo, sólo hay siete puntos. Entre medias, Sainz, a cuatro del anglo-tailandés y con tres sobre el francés.

Hamilton y el color de piel

El éxito de Lewis Hamilton este año le ha dejado a sólo un título de Michael Schumacher y con uno más que Juan Manuel Fangio. No es extraño que, ante la perspectiva de que supere al alemán, haya resucitado en los foros habituales una pregunta recurrente: ¿Quién es el mejor piloto de la historia de la Fórmula 1? En casi ninguno de ellos aparece el nombre de Hamilton, pese a que por números tiene más que factible superar los obtenidos por el ‘kaiser’.

Sea por su carácter, por las circunstancias en las que lo ha logrado o por el contexto general en el que se mueve el ‘gran circo’ actualmente, lo cierto es que Hamilton nota que no obtiene el reconocimiento que por sus victorias merecería. Pese a que ese no es su objetivo, no puede ocultar un cierto reproche cuando se le pregunta al respecto, aunque para él el motivo es absolutamente extradeportivo.

«Yo no corro por reconocimiento, no es lo que me impulsa, no busco pensar en eso. Tal vez las cosas fuesen diferentes si yo fuera blanco, pero al final prefiero enfocarme en las cosas positivas», dijo al respecto en un acto promocional en Sao Paulo. Hamilton ha admitido numerosas veces que el factor racial ha influido mucho en su carrera, sobre todo cuando era más joven. Y es que, aunque ahora parece que el asunto del racismo está atizando al fútbol con violencia, es en el deporte en general (especialmente el deporte base) donde queda mucho por trabajar y muchas raíces que echar para desterrarlo de manera definitiva.

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