La pausa en el deporte ha provocado que los dueños de los derechos de televisión tiren de reposiciones con clásicos y resúmenes para sortear la ausencia de directos, a la espera de resolver cómo quedan los contratos. Mientras, el consumo de datos y contenidos crece a ritmo de doble dígito.

“El Covid-19 ha hecho estragos en el mundo del deporte”, admiten empresas como la española Telefónica, el mayor comprador de derechos audiovisuales en el país. El grupo de telecomunicaciones ha basado el desarrollo de su plataforma Movistar+ en LaLiga y la Champions League, cuyo regreso no está previsto hasta mediados o finales de mayo. Por el momento nadie se atreve a hablar de facturas impagadas, pero se ha tirado de derechos incluidos en esos contratos y a los que no se daba tanto uso para alimentar los canales.

El operador, que lidera este mercado con 4,1 millones de abonados, está emitiendo partidos históricos como muchos canales en el mundo y de esta misma temporada, una opción que suele incluirse en la compra de grandes lotes de derechos como son LaLiga Santander o la Champions League, por las que paga 940 millones y 360 millones de euros anuales, respectivamente.

El problema para propiedades deportivas y operadores de televisión es que “el core business es la competición en directo, a partir de la cual tú puedes crear cosas alrededor para ir aminorando el impacto y que el negocio no recaiga tanto sobre esto”, como recordaba Carlos Cantó, fundador de Spsg Consulting, en una entrevista reciente. “El problema es que el interés de los aficionados por estos contenidos adicionales irá bajando si no regresan los directos”, advertía.

Este mute del deporte se produce en un momento de máximo consumo, por lo que el desafío pasará por recuperar a la audiencia menos fidelizada que hoy está migrando hacia otras propuestas audiovisuales. “La situación de confinamiento se está traduciendo en un notorio aumento de las horas que estamos conectados a las pantallas, y las plataformas de streaming han sido las grandes beneficiadas”, señala Elena Neira, profesora colaboradora de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

De hecho, muchas propiedades están intentando pensar en el medio plazo y han abierto de forma gratuita sus plataformas online durante un tiempo, de forma que al menos podrán recoger datos de potenciales consumidores a futuro. “Abrir su contenido a todo el mundo funciona de dos maneras: como herramienta de fidelización de los que ya son clientes y como forma de descubrimiento para los que no lo son”, apunta Neira.

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