El central del Liverpool se ha hecho a sí mismo después de pasar por una complicada niñez y de tener muchas trabas para llegar a la élite.

La temporada 2018/2019 echa el cierre al más alto nivel con la final de la Champions League entre el Tottenham y el Liverpool. El himno de la máxima competición continental resonará por última vez este curso en elWanda Metropolitano y es que Madrid se convierte en la capital del fútbol, hasta donde llegarán más de 100.000 aficionados para vivir en primera persona el evento más importante del año.

Virgil Van Dijk (Holanda, 1991) será uno de los actores principales del gran acto que se celebra este sábado 1 de junio en el Metropolitano. El central se ha convertido en uno de los mejores del mundo en su posición e incluso su nombre comienza a sonar como posible Balón de Oro 2019 si el Liverpool consigue ganar ‘La Orejona’ ante los de Mauricio Pochettino.

Van Dijk no lo tuvo fácil. Creció en una familia humilde, pero su vida quedó marcada cuando tan solo era un niño por el divorcio de sus padres, por aquel entonces el ahora futbolista tenía 12 años. La relación con su progenitor dio un giro y desde entonces no ha sido sencilla. Tanto es así que aunque en todo el mundo se le conoce por su apellido, en sus camisetas luce su nombre de pila: Virgil.

Pese a que la figura de su padre es prácticamente inexistente, el jugador del Liverpool mantiene un fuerte vínculo con su madre, quien procede de Surinam, por lo que el defensa cuenta con la doble nacionalidad. Precisamente su madre fue muy importante en el nuevo golpe que le dio la vida a Virgil. Cuando tenía 17 años, el futbolista comenzó a sufrir unos fuertes dolores estomacales.

 

Todo se remonta a un poco antes. Van Dijk comenzó su trayectoria en el fútbol en el Groningen sin haber cumplido todavía la mayoría de edad. Fue ahí cuando empezaron esos dolores físicos. Pese a ello, siguió trabajando con el resto del equipo a duras penas y poco después tuvo que ser ingresado de urgencia después de que su madre llamase a una ambulancia porque los dolores eran ya insoportables.

Pese a que no se hizo pública cuál era la enfermedad, su vida estuvo en serio peligro, tal y como les informó el doctor. Tan solo su físico privilegiado y su estado de forma impidieron un peor desenlace. «Por primera vez en mi vida, el fútbol no significaba nada para mí. No era importante para nada. Esa situación se trataba de seguir vivo» recuerda el propio Virgil.

De la cocina a Escocia

Pese a que otros futbolistas antes de los 20 ya comienzan a llamar la atención de los grandes, Van Dijk tuvo que esperar para que le tocasen con una varita. Para ir saliendo adelante, comenzó a trabajar como ayudante de cocina en el restaurante Oncle Jean de Breda. Todo ello para sacarse un dinero extra con 17 años, pese a que su salario era poco menos que denigrante, ya que percibía unos tres euros a la hora.

Alternaba los entrenamientos en la cantera del Willem II con este trabajo hasta que fichó por el Groningen en 2010. Sin embargo, aún tardaría tres años más hasta que tuvo su primera gran oportunidad. El Celtic le fichó en el verano de 2013 y en las dos temporadas que permaneció en las filas del conjunto escocés siempre fue incluido en el once del año.

Su buen hacer en Escocia le llevaron hasta el Southampton. Aquellos tiempos en los que le veían como un «futbolista limitado» quedaron atrás. El club inglés desembolsó 13 millones de libras -algo menos de 15 millones de euros- para hacerse con sus servicios y en su primer año en sus filas fue elegido como el mejor jugador del año. Su ascensión era meteórica y fue entonces cuando el Liverpool llamó a su puerta.

El defensa más caro del mundo

Corría el mercado de invierno del año 2017 cuando el club de Merseysideconvirtió a Virgil Van Dijk en el defensa más caro de todos los tiempos. El Liverpool pagó 80 millones de euros por el holandés, superando así lo que había pagado el Manchester City por Benjamin Mendy. Sobre él ha llegado a decir una leyenda como Rio Ferdinand lo siguiente: «Cuando encuentras a alguien como Virgil van Dijk, que es muy bueno con la pelota, pero también muy bueno en defensa, empiezas a saltar y volverte loco».

Jürgen Klopp avisó desde un primer momento: «Lo primero que hay que olvidar es el precio. Hablemos de lo que puede aportar, de sus cualidades y su mentalidad. Por eso estamos contentos». Un año y medio después Van Dijk ha demostrado que lo caro a veces sale barato. Desde que él lidera la defensa del Liverpool, los reds han bajado el porcentaje de goles recibidos y ha llegado a la final de la Champions League dos temporadas consecutivas. Ahora solo queda que Virgil ponga la guinda con una ‘Orejona’ que le hará de oro.

 

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